“El problema es tu peso”: La gordofobia y su impacto en el derecho a la salud de las personas gordas

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Escrito por Stephanie Cortez, miembro de la Comisión Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos

En los últimos años, se está produciendo una revolución sobre aquellos patrones o conductas que, en otros tiempos, considerábamos correctas e inofensivas. Grupos históricamente vulnerados alzaron su voz, señalando la discriminación en conductas y discursos comunes en la sociedad y visibilizando otras que no se creían discriminatorias. Al mismo tiempo, surgen nuevos grupos que denuncian ser discriminados y que la sociedad nunca antes había reconocido como tales. Entre esos nuevos grupos, se encuentran las personas gordas, quienes señalan que viven una serie de situaciones hostiles y un trato diferenciado, por el único motivo de su sobrepeso. Con la visibilidad creciente de esta situación y la incorporación de nuevos testimonios que acreditan la misma, surgió un nuevo término: gordofobia. El Instituto Canario de Igualdad define la gordofobia como “el odio, rechazo y violencia que sufren las personas gordas por el hecho de ser gordas (…) cimentada sobre prejuicios respecto a los hábitos, costumbres y salud de las personas gordas” [1]. 

La gordofobia, presente en la cotidianeidad de las personas gordas, no es inofensiva, como se ha creído por mucho tiempo. Por el contrario, es una causa importante del deterioro de la salud física y mental de las personas, no solamente de las personas gordas. Asimismo, al estar tan normalizados esos prejuicios, también están presentes en el personal médico y en el ejercicio de su profesión, lo cual es una amenaza directa a las garantías de salud de las personas gordas en relación con los demás. El presente artículo evidencia las verdaderas dimensiones del daño producido por la gordofobia y resuelve si dicho daño implica una vulneración al derecho a la salud de las personas gordas.

Con anterioridad, se habían propuesto otros nombres para denominar este fenómeno. Algunos optaron por ampliar el término clínico ‘pocrescofobia’ que, en el ámbito psiquiátrico, hace referencia a la fobia de ganar peso [2], pero era demasiado reduccionista para enunciar un problema social. Otros, empezaron a denominarlo como ‘adipofobia’, que describe la discriminación a las personas con exceso de tejido adiposo [2], pero este término evitaba efusivamente nombrar a las personas que lo sufrían, por lo que tampoco tuvo éxito. Por último, se acuñó el término ‘gordofobia’, que resalta la connotación negativa de la palabra gordo y encierra el motivo de su discriminación [2]. Dicho término se mediatizó rápidamente, ya que en el extranjero también se había adoptado este término en otros idiomas, como el inglés y el francés. Este último incluso lo incorporó en un reconocido diccionario en el año 2019 [2]. 

Según Piñeyro, “la gordofobia es una discriminación estructural y sistemática (…) que se encuentra en todas partes y se reproduce de forma automática, normalizada y sin ser cuestionada” [1]. De esta forma, la gordofobia se manifiesta en todos los ámbitos de la vida de las personas gordas y representa un obstáculo en el libre desenvolvimiento de ellas en la sociedad, al posicionarlos en una situación de vulnerabilidad. Aquellos que ejercen este tipo de discriminación se excusan en la preocupación por la salud de las personas gordas [3]. Sin embargo, la supuesta preocupación es una de las mayores hipocresías [3], puesto que los comentarios apuntando al cuerpo o al peso de estas personas se emiten con violencia la mayoría de las veces, usando insultos o señalando esa característica en particular para burlarse o humillar a las personas gordas. La violencia, presente a lo largo de su vida, no se traduce solamente en problemas en el acceso al trabajo o en sus relaciones afectivas, sino también en problemas de salud física y mental que pueden llegar a cobrarse su vida.

Allende indica que “la internalización de los patrones y lógicas gordófobas y su aplicación constante hacia sí mismas (…) sumado a la constante presión del medio sociocultural,  puede  llevar  a  trastornos  emocionales  y  psicofisiológicos” [4]. En un inicio, solamente genera afectaciones psicoemocionales, como la frustración y baja autoestima, por no cumplir con las expectativas sociales de belleza [4]. Sin embargo, los daños suelen escalar con el tiempo, por la intensidad de la exclusión y el trato denigrante por su cuerpo, y lo que inicia como una afectación psicoemocional puede transformarse en un trastorno emocional o psicofisiológico. Por un lado, su salud mental se ve gravemente afectada, pues la gordofobia provoca “la proliferación de ansiedad y/o depresión” [4]. Momentos que antes se veían con naturalidad, como comer, generan pánico y, en los peores casos, un ataque de ansiedad cuando se realiza frente a otros. Asimismo, la distorsión de la autopercepción genera sentimientos de vergüenza y autodesprecio hacia su propio cuerpo [5] que, a la larga, hundirán a la persona en una severa depresión, acompañada muchas veces de conductas autolesivas y de autosabotaje [6]. Dichos trastornos no se limitan a afectar la psiquis de la persona y su percepción de la realidad, sino que tienden a ocasionar, que esa persona atente contra su integridad personal o, peor aún, su vida. Quirós, en su investigación sobre el tema, encuentra “una conexión significante entre las mujeres con un alto índice de masa corporal (IMC) y pensamientos de suicidio” [6], lo cual prueba la relación directa entre la gordofobia y el desarrollo de dichos trastornos.

Por otro lado, este fenómeno también puede generar trastornos psicofisiológicos, ya que es un detonante para el desencadenamiento de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) [4], tales como los atracones, la anorexia y la bulimia. Debido a la internalización de los estigmas sociales y culturales hacia las personas gordas y de ser catalogadas como tales por los demás, estas personas, en un intento desesperado por escapar de dicha categoría, desarrollan conductas alimentarias de riesgo: dietas extremas, privarse de los alimentos o buscar expulsarlos tan pronto ingresan a su cuerpo. Dichas conductas son síntomas del padecimiento de una TCA, los cuales desencadenan daños en la integridad de nuestro sistema, no solamente el digestivo, que en los peores casos, puede significar daños permanentes, disminución de su calidad de vida o incluso, la muerte del paciente. A pesar de la gravedad de sus consecuencias, conocidas mundialmente, es sorprendente lo normalizado y hasta aceptado que son estos trastornos cuando se dan en personas gordas, que son celebrados e incitados por la sociedad al ser vistas como “actos de amor propio”, a pesar del autodesprecio evidente que es su verdadero móvil [3]. Asimismo, esto se extiende más allá de las personas gordas [1], puesto que los TCA continúan afectando a las personas que logran un cuerpo aceptable. A pesar de lograr su objetivo y ser aceptados en la sociedad, la guerra continúa en su interior, pues el daño a la autopercepción y la dismorfia corporal continúan [6]. En consecuencia, continuarán con esos patrones de conducta autodestructivos, dañando su propio cuerpo, al que la sociedad le enseñó a odiar por no ser, desde el inicio “estéticamente aceptable”.

Por último, al hablar de salud de las personas gordas, es pertinente profundizar en la gordofobia existente en el personal de los centros médicos, ya sea público o privado, y el impacto a las garantías de salud de las personas gordas. La gordofobia médica es “un sesgo en donde profesionales de la salud no atienden, examinan, ni investigan una dolencia de una persona gorda, de la misma manera en que lo hacen con alguien de apariencia delgada” [7]. Si bien no les niega la atención a las personas gordas, les hacen pasar por un análisis superficial, minimización de sus síntomas, incredulidad y comentarios hostiles respecto a su cuerpo para darles un diagnóstico que, en la mayoría de casos, es erróneo, que apunta al peso como causante de todos los problemas. Dicho diagnóstico, más que basarse en pruebas certeras de índole científico, se basa en el prejuicio de que las personas gordas tienen una mala salud, al punto de estar incrédulos con un paciente gordo que presenta una presión saludable: “No puede ser, porque no es común en un paciente con sobrepeso” [8], cuenta un testimonio. Ello no solo ocurre en problemas cardíacos o digestivos, sino también en pacientes que van por un problema del oído, de la piel, de la vista, ginecológicos, etc., que poco o nada tienen que ver con el peso.

Que el discurso gordófobo sea aceptado y reproducido por médicos genera problemas más graves de lo que se ve a simple vista. En primer lugar, genera un nuevo obstáculo para el acceso a la salud [7], el cual atraviesan solamente las personas gordas, al ser objeto de los estigmas y prejuicios del personal médico. Además, con los diagnósticos erróneos basados en el estigma gordófobo, ponen en riesgo la salud y la vida de sus pacientes, puesto que aquellos síntomas que decidieron minimizar, ignorar o asociar al peso, pueden llevar detrás enfermedades, infecciones, tumores o malfuncionamiento de los órganos que, de haberse detectado e intervenido a tiempo, no hubiera deteriorado aún más la salud del paciente. La doctora Denisse Kohn afirma: “Todas las patologías se manejan peor cuando hay estigma por peso involucrado. Y, en el tema de la mortalidad, se ha visto que aumenta en un 60% en las personas que sufrieron discriminación por peso” [8]. 

Por otro lado, la validación médica de dichos discurso constituye un dispositivo de legitimación a los mismos, que “potencian  la  construcción  de  una  verdad  hegemónica  que  posiciona  a  la  gordura  y  los  cuerpos  gordos  como  merecedores  de  rechazo,  segregación y discriminación” [4]. Al ser un discurso fundado en gran medida en la salud, los médicos y médicas serán vistos como la autoridad competente para afirmar o combatir los mismos. Así, al ser una mayoría considerable los que legitiman dichos discursos, consolidan dichos prejuicios como una verdad indudable para las personas gordas y el resto de la sociedad civil. A estos últimos, dicha situación les da licencia para continuar con comentarios o tratos discriminatorios hacia las personas gordas, a modo de réplica del trato que el personal médico tiene con sus pacientes gordos. En el mismo sentido, las personas gordas normalizan dichos discursos y el trato humillante o discriminatorio hacia sí mismos, generando problemas psicoemocionales y psicofisiológicos explicados anteriormente.

En adición, al señalar los diagnósticos erróneos sobre la base del peso, ello no significa que el sobrepeso no tenga impacto en la salud, sino que el discurso que lo instrumentaliza es erróneo. La doctora desmiente el discurso gordófobo respecto a la salud de las personas gordas, afirmando que confunden asociación con causalidad [8]. Así muchas enfermedades que se creen que son causadas por el sobrepeso, en realidad ese factor solamente aumenta la probabilidad de tenerla, mas no es una regla que todas las personas gordas la padezcan. Ello también permite explicar que existan personas gordas que gocen de perfecta salud. De este modo, es necesario que “el criterio médico sea profesional y no esté influenciado por sesgos y constructos sociales sobre lo que es o no ser saludable a simple vista, sin tener estudios que avalen dicho razonamiento” [7]. Para que esta exigencia se cumpla, es indispensable que todos los pacientes sean atendidos sobre la base de igualdad, que sean examinados con la misma rigurosidad y escuchados con atención, independientemente de su peso. 

En conclusión, en la actualidad, es posible reconocer un nuevo tipo de discriminación sobre la base del peso: la gordofobia. Esta discriminación no es algo nuevo, sino es un fenómeno que siempre ha estado normalizado y presente en nuestra sociedad, pero que recién empieza a reconocerse como un problema en sí mismo. La exposición diaria de las personas gordas a comentarios y tratos denigrantes tiene repercusiones en el libre desarrollo de los individuos, pero tiene especial relevancia el impacto que tiene en su salud. De esta forma, la gordofobia es el desencadenante de trastornos psicoemocionales y psicofisiológicos, que afectan gravemente la salud física y mental de los individuos e incluso pueden llegar a cobrarse su vida, en el peor de los casos. Implican una herida emocional tan profunda que, aún obteniendo el cuerpo deseado, continuarán con prácticas autodestructivas hacia sí mismos. Además, cabe destacar que la gordofobia presente en los sistemas de salud mina las garantías de salud de las personas gordas, obstaculizando su acceso a un diagnóstico adecuado y, muchas veces, a un trato digno. Además del daño a la salud de cada paciente que es víctima de un mal diagnóstico, son agentes legitimadores de los discursos gordófobos para el resto de la sociedad, permitiendo su reproducción y prolongación del problema. Es por ello que es necesario que todos nosotros seamos conscientes de las verdaderas dimensiones del daño que causa este tipo de discriminación en las personas que la sufren. Bajo ninguna circunstancia se debe admitir un comentario o trato degradante sobre el cuerpo de otra persona. Todos merecemos que se nos trate con respeto.

 

 

Bibliografía

[1] Piñeyro, M. (2020). Guía básica sobre gordofobia. Un paso más hacia una vida libre de violencia. Instituto Canario de Igualdad. Obtenido de: https://www.consaludmental.org/publicaciones/Guia-gordofobia.pdf 

[2] Martínez, L. (2020). Gordofobia, obesofobia, pocrescofobia, adipofobia… El Economista. Obtenido de: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Gordofobia-obesofobia-pocrescofobia-adipofobia…-20200714-0009.html 

[3] Martí, R. (2021). Gordofobia, cuando el odio al gordo se disfraza de preocupación. Esquire. Obtenido de: https://www.esquire.com/es/sexo/a35762958/gordofobia-odio-al-gordo/ 

[4] Allende, I. (2020). Gordofobia, una lectura desde (y para) el Trabajo Social. Revista Perspectivas (35), pp. 109-133. Obtenido de: http://190.96.76.12/index.php/Perspectivas/article/view/2393/2038 

[5] Gallardo, A. M. (2021). Gordofobia: Una deuda en el campo de la psicología. Revista Perspectivas (37), pp. 151-168. Obtenido de: http://190.96.76.12/index.php/Perspectivas/article/view/2671/2248 

[6] Quirós, G. (2021) Gordofobia: existencia de un cuerpo negado. Análisis de las implicaciones subjetivas del cuerpo gordo en la sociedad moderna. Revista Latinoamericana de Derechos Humanos 32 (1), pp. 1-7. Obtenido de: http://portal.amelica.org/ameli/jatsRepo/393/3932138007/3932138007.pdf 

[7] Espinosa, N. (2021). “Gordofobia médica”: el sesgo en profesionales que no atienden ni investigan la dolencia de una persona gorda como sí lo harían con una delgada. El Mostrador. Obtenido de: https://www.elmostrador.cl/braga/2021/06/18/gordofobia-medica-el-sesgo-en-donde-profesionales-no-atienden-ni-investigan-la-dolencia-de-una-persona-gorda-como-lo-harian-con-alguien-delgado/  

[8] Hartung, A. (2021). Gordofobia en la atención médica: “Hay gente que va al dermatólogo porque tiene acné y la mandan a la casa con una dieta. Eso es discriminación”. La Tercera. Obtenido de: https://www.latercera.com/paula/gordofobia-en-la-atencion-medica-hay-gente-que-va-al-dermatologo-porque-tiene-acne-y-la-mandan-a-la-casa-con-una-dieta-eso-es-discriminacion/ 

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