El habla culta y otras falasias

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Por Cristina Gonzáles, miembro de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos.

En la producción literaria de Martha Hildebrandt “El habla culta (o lo que debería serlo)”, se pone en manifiesto la consideración al español como una lengua homogénea y cohesionada, y que el dominio de este conllevará a la unificación de sus hablantes. Además, se asume y afirma que es la lengua culta la que está presente en los diferentes medios de comunicación: radio, televisión, cátedra, periódico, libro, conferencia y también en la intimidad de las personas cultas. Asimismo, se señala que la meta de la lengua culta es la comunicación eficiente pues es la única que mantiene los instrumentos que se consideran como próximos a la total comprensión entre ciudadanos: claridad, precisión, concisión y corrección en el uso del lenguaje (1).

Sin embargo, en primer lugar, la consideración del castellano o español como la lengua estándar y capital simbólico genera que se relegue a las más de 40 lenguas originarias  del Perú y los dos idiomas oficiales andinos: quechua y aimara. De esta manera, se suprime la concepción de la práctica de otras variedades lingüísticas, ya que se está construyendo una cultura monoglósica en donde la riqueza lingüística es abundante. En segundo lugar, al obtener y recopilar los elementos de esta lengua culta de instituciones como la Academia de la Real Academia Española e  instituciones afines, se remarca la concepción de acción por parte de una élite que busca impedir la fragmentación del español. Para ello, se dan intentos deliberados para conservar la unidad lingüística; en otras palabras, se  somete a otras variedades lingüísticas (2). En tercer lugar, la unidad como objetivo del dominio de la lengua culta no guarda relación en nuestro país, debido a la presencia de monolingües de lengua materna distinta al castellano. En realidad, ello dificulta los procesos de unificación, adecuada distribución y reconocimiento de derechos a aquellos que no dominan la lengua culta o variedad estándar. 

Las pronunciaciones de Martha Hildebrandt muestran la concepción de que es necesario hacer un análisis de carácter valorativo al empleo de la variación lingüística en determinados sitios y procesos para beneficio del país, con amparo en que existe una lengua estándar predominante en el Perú: castellano, cuyo uso representa el mejor entendimiento entre ciudadanos. Sin embargo, considerar al castellano como lengua que simboliza la unificación y mejor comprensión entre ciudadanos significa la perduración de la lengua estándar y la no validación de derechos ciudadanos. Por ejemplo, la participación de la ex congresista Martha Hildebrandt en sesión ordinaria, el 4 de agosto del 2006, logra ejemplificar la ideología lingüística de la variedad estándar y la valoración especial que se le da al castellano. De manera que tras la participación de la congresista Hilaria Supa en el hemiciclo, la cual inició en su lengua materna: quechua, Martha Hildebrandt manifestó que existen modos “correctos” de intervención en el Congreso, dentro ellos el uso determinado de una variedad lingüística:

“Considero que desde el principio se deben sentar las bases de los modos de intervención en este Congreso. Como lingüista, respeto más que nadie los idiomas amazónicos, así como respeto los idiomas indígenas de Venezuela, algunos de los cuales estudié. Pero idiomas indígenas como el quechua y el aimara son oficiales, según nuestra Constitución, solo en las zonas del país donde predominan. Si estoy en el Collao y no entiendo aimara, me tengo que conformar; si estoy en Machu Picchu y no entiendo quechua, me debo conformar. Pero, en el seno del Congreso de la República, la lengua oficial es el castellano. Si vamos a perder tiempo oyendo primero una intervención en lengua que no entendemos y luego su traducción, solicito —por lo menos— un traductor de quechua y otro de aimara en el hemiciclo” (3).

El artículo 2° de la Constitución Política del Perú reconoce al ciudadano como derecho fundamental la facultad de hacer uso de su propia lengua ante la autoridad mediante un intérprete (1993). De esta manera, en primer lugar, el uso del quechua o aimara en el hemiciclo no está faltando a las normas del  Congreso, ya que dichas congresistas son quechuablantes y  hacen ejercicio de su derecho como ciudadanas y autoridades. Además, por que gran parte de los congresistas no entienda el quechua o aimara no tiene por qué preferirse el uso del castellano solamente u oficializarse el castellano en el hemiciclo, pues se encuentran representantes de diferentes comunidades, partícipes de las decisiones que afectan tanto a sus comunidades como a todo el país.  En segundo lugar, es correcto que se necesite un traductor ante el desconocimiento  de la lengua, pero eso no significa  que sea una pérdida de tiempo. Si se concibiera como tal, entonces se estaría enunciando que, por ejemplo, los quechuablantes necesariamente deben aprender el castellano para ser considerados en las decisiones del país, ya que supuestamente los padres de la patria están optimizando el tiempo al tomar decisiones haciendo uso del castellano como lengua general o lengua estándar.

Por un lado, la congresista Hildebrandt resalta, desde su ser lingüista y refiriéndose a una concepción social, la preferencia de una determinada variedad lingüística. Sin embargo, la consideración social del tema implica trabajar por los ciudadanos y que estos puedan ejercer su derecho a emplear el idioma que los represente en las interacciones sociales. Dicho trabajo tiene que ser de carácter comprometido con la necesidad de revitalizar las lenguas originarias y no refiriéndose como un asunto meramente lingüístico, ya que las relaciones coercitivas de poder tienen implicancias en el reconocimiento y uso de las lenguas (4). Por otro lado, se evoca el punto de vista social como el legitimador de que se use o presente mayor valoración  la lengua que tiene mayor cantidad de hablantes. Esta aseveración es el resultado del carácter valorativo que se le da a la lengua (o determinadas lenguas), cuyo resultado es la ideología lingüística de la lengua estándar. Pero ello no quiere decir que el uso de una lengua por la mayoría de ciudadanos (común), sea a la vez, de uso general, ya que el Perú es un país multilingüe. Por ello, el carácter valorativo que se le da a las lenguas por el número de sus hablantes conlleva a la jerarquización de las lenguas, lo cual es insostenible, pues no existe superioridad entre una lengua y otra (5). 

Los discursos difundidos en el Perú como relativos al progreso y el desarrollo están relacionados a la idea occidental que identifica una lengua estándar, en nuestro caso el castellano, como lengua superior. A la misma vez, “[e]n el Perú (casi) nadie quiere ser identificado como indio o términos equivalentes” (6) lo cual se debe a la relación que dicho término tiene con ser ignorante, opuesto al progreso, incivilizado, analfabeto o con dificultades cognitivas para adquirir la cultura y lengua estándar.  De esta manera, se da forma a un constructo social que implica que aquellos hablantes de una lengua diferente a la estándar se encuentran en desventaja frente al grupo “dominador”. Por ello, pese a que en la constitución de 1979 el quechua y aimara fueron reconocidos como lenguas oficiales, no fue practicado como oficial. La responsabilidad de ello no solo es de un gobierno despreocupado, sino también, de las prioridades que las propias poblaciones andinas tenían, la reivindicación lingüística no formaba parte de ellas (6).

En conclusión, son estas concepciones de superioridad del castellano que refuerzan la construcción de una concepción errada de los hablantes de otras lenguas; y a la vez, condicionan que estos hablantes se preocupen por aprender la lengua estándar y rechacen su lengua materna en la práctica pública, ya que como ciudadanos aspiramos a ser reconocidos como tal y a participar de las prácticas ciudadanas, hechos que desde concepciones de algunos de nuestros propios representantes se deben ejecutar a través de una lengua hegemónica. Las intervenciones de la ex congresista Martha Hildebrant en el hemiciclo y obras como “El Habla Culta” resultan altamente nocivas para la inclusión social necesaria en un país mutilingue como el nuestro. Afirmaciones como la existencia del habla culta y la defensa de un lenguaje estándar desconocen la diversidad y el legítimo ejercicio de derechos fundamentales de miles de peruanos y peruanas. 

Bibliografía:

  1. HILDEBRANDT, Martha (2003). El habla culta (o lo que debería serlo). Lima: Martha Hildebrandt.
  2. TORRES, Teresa. (2006) “Ideologías lingüísticas (y políticas) en publicidad”. Mirando la esfera pública desde la cultura en el Perú. En CÁNEPA, Gisela y María, EUGENIA (editoras). Lima: Concytec.
  3. CONGRESO DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ (2006) “Diario de debates”. Primera legislatura ordinaria de 2006. s/l: s/e. http://www2.congreso.gob.pe/Sicr/DiarioDebates/Publicad.nsf/SesionesPleno/05256D6E0073DFE9052571C0006207FB/$FILE/PLO-2006-3.pdf
  4. VIGIL, Nila. (2007) “La Educación Intercultural Bilingüe (EIB) en el desarrollo de los pueblos indígenas”. Construyendo nuestra interculturalidad. Lima, número 4, pp. 1-3. ttp://interculturalidad.org/numero04/docs/0205-IEB_desarrollo_de_los_pueblos_indigenas-Vigil,Nila.pdf
  5. HILDEBRANT, Luis y otros. (2007) Pronunciamiento. “Im.verbe”. s/l, 8 de septiembre. http://imverbe.blogspot.pe/2007/09/pronunciamiento.html
  6. DEGREGORI, Carlos. (1998) “Movimientos étnicos, democracia y nación en Perú y Bolivia”. En Construcción de la nación y la representación ciudadana en México, Guatemala, Perú, Ecuador y Bolivia. Claudia Dary (compiladora). Guatemala: Flacso.

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