Eduardo Galeano: “Curso básico de injusticia” y otras críticas al sistema jurídico en su obra

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Escrito por Tatiana Silva Carbajal, miembro de la Comisión de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos.

I. Introducción

El 3 de setiembre de 1940, en Uruguay, nació Eduardo Galeano, un escritor que se destacaría por sus relatos directos y sinceros respecto a cuestiones fundamentales para el ser humano y, aun así, aparentemente alejadas entre sí: la emoción y la razón. 

Al escribir, Galeano seguía patrones específicos: contaba pasajes de la historia Latinoamericana, narraba anécdotas de sus viajes por el mundo, hablaba de los problemas políticos, económicos y sociales de Latinoamérica, cuestionaba constantemente el rol del ser humano en el sistema, difundía leyendas y teorías sobre el origen del mundo, etc. Eduardo buscaba darle sentido a su vida y a la existencia humana. Tomaba y defendía su historia colectiva y trataba de llevarla a toda dimensión posible: en el antes, en el presente y en el futuro; dentro y fuera de él.

Sin embargo, para explorar múltiples dimensiones en su pensamiento debía reconocer también, y necesariamente, el área emocional. En efecto, Galeano era sumamente consciente de ello y lo hizo explícito en su texto El Libro de los Abrazos: “…la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. Sabios doctores de Ética y Moral… han inventado la palabra sentipensante para definir al lenguaje que dice la verdad.” [1] La idea era y es clara entonces: es sentipensante todo aquel que no divorcia el alma del cuerpo ni la razón del corazón.

Pero, ¿por qué existiría necesidad alguna de ser sentipensante en el sistema jurídico y en el sistema en general? El autor uruguayo lo explica en su amplia obra, de la cual se tomarán tres libros específicos en esta ocasión: Patas Arriba: la escuela del mundo al revés; Espejos: una historia casi universal;  y El Libro de los Abrazos. A estas alturas es preciso señalar que uno de los recursos que más empleaba Galeano para defender su idea era expresar, explícita o implícitamente, críticas fundamentadas y tajantes, especialmente a la estructura del sistema.

II. Curso Básico de Injusticia en Patas Arriba (1998)

Patas Arriba es una simulación de lo que sería un curso académico, de hecho, presenta un “programa de estudios” con los siguientes temas: la escuela del mundo al revés, cátedras del miedo, seminario de ética, clases magistrales de impunidad, pedagogía de la soledad y la contraes cuela. Específicamente en “la escuela del mundo al revés”, se encuentra el inciso titulado Curso básico de injusticia.

Este explora como primer punto la igualación y la desigualdad, resalta que “lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene”[2] y contrasta esta idea con el hecho de que la industria de la cultura de masas uniformiza al ser humano y, de alguna manera u otra, lo emboba. Señala, también y de manera muy directa, que “a través de los medios masivos de comunicación, los dueños del mundo nos comunican la obligación que todos tenemos de contemplarnos en un espejo único, que refleja los valores de la cultura de consumo”. 

Además de referirse al sistema económico, denuncia también la promoción de la violencia por parte de los audiovisuales que circulan entre niños latinoamericanos que crecerán para ser juzgados por un sistema jurídico que ya está corrupto en sí mismo. Es así como establece una estrecha relación entre el sistema económico y el jurídico en Latinoamérica, donde “la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia”. 

Mantiene esta postura y la extiende a la esfera política con comentarios como “El estado vela por la seguridad pública: de los otros servicios, ya se encargará el mercado; y de la pobreza, gente pobre, regiones pobres, ya se encargará Dios, si la policía no alcanza” o “En estos tiempos neoliberales, los derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder se ocupa de la salud pública y de la educación pública, como si fueran formas de la caridad pública, en vísperas de elecciones”.

Así, en su misión de llevar sus reflexiones hacia distintas dimensiones, en su búsqueda de orígenes, llega a la crítica de la globalización: “países en desarrollo es el nombre con que los expertos designan a los países arrollados por el desarrollo ajeno”.[3] Manifiesta su descontento frente a la monopolización de la riqueza, el poder político, militar y cultural, el conocimiento científico y la alta tecnología, por parte de ciertos países. 

Finalmente, Galeano concluye el Curso Básico de Injusticia volviendo a referirse al sistema jurídico-político, sostiene que el poder practica la injusticia y vive de ella, que abunda la violencia, que las sociedades están divididas a raíz de ello, que el sistema niega lo que ofrece y que “la cárcel y las balas son la terapia de los pobres”.

III. Espejos (2008)

Espejos es un libro de casi seiscientos relatos que, curiosamente, no cuenta con fuente bibliográfica alguna. Galeano, aparte de criticar severamente al sistema jurídico, político y económico, criticaba también al sistema de la academia -pues lo consideraba elitista-  y aquella ausencia de fuentes bibliográficas es una clara manifestación de su descontento hacia este.

A diferencia de Curso Básico de Injusticia, este libro es más introspectivo, pero no deja de tomar en cuenta la realidad como una de las razones del sentir humano. “Quien muere nace, quien nace muere, y en todo lo creado o por crear se mezclan el revés y el derecho, hasta que ya no se sabe quién es el mandante ni quién el mandado, ni dónde está el arriba, ni dónde el abajo”[3], dice en el relato El metelíos. Eduardo sigue identificando alguna especie de jerarquía, aunque en esta ocasión no detalla las partes, sabe que existen y expresa su intriga por el funcionamiento de este orden.

En Breve historia de la civilización, Galeano narra cómo el ser humano se cansó de vagar, inventó las aldeas y la vida en comunidad, estableció clasificaciones y descubrió la posesión. El resultado de la civilización fue sorprendente, “nuestra vida era más segura pero menos libre”. Regresa así a observar el sistema político para luego hacer lo propio con el sistema jurídico, esta vez de una manera explícita en el título del relato Derecho laboral, pero, a la vez, de manera implícita en el contenido, que era un cuento en base a Don Quijote. Narraba cómo Sancho Panza exigía un salario “decoroso en dinero contante y sonante”. Entonces, don Quijote evadía el requerimiento con la promesa de que Sancho Panza iba a ser gobernador del primer reino que el don conquistara y recibiría un título de conde o de marqués, pero Sancho Panza solo quería una relación laboral estable y con salario seguro. Galeano dice que han pasado cuatro siglos desde entonces y aún siguen en ello.

Otra evidente referencia al sistema jurídico se da en Constituciones. Explica que la Constitución de 1830 de Uruguay le parecía calcada del proyecto de la Constitución Argentina. Postulaba que este negaba la ciudadanía a las mujeres, a los analfabetos, a los esclavos y a quien fuera sirviente a sueldo, peón jornalero o soldado de línea. Galeano reniega de que haya sido así con todas las Constituciones de Latinoamérica, que las naciones hayan sido mentidas y que las Constituciones hayan validado todo ello. Termina el relato cuando menciona dos datos relevantes específicos. El primero fue el hecho de que Bolivia haya demorado ciento ochenta y un años en enterarse de que era un país de amplia mayoría indígena cuando Evo Morales, indio aymara, se consagró presidente en 2006 con una gran cantidad de votos. El segundo consistió en que en el mismo año, Chile se enteró de que la mitad de su país estaba conformado por mujeres y luego de ello Michelle Bachelet fue presidenta.

IV. El Libro de los Abrazos (1989)

El Libro de los Abrazos es un libro de cuentos, probablemente el proyecto del imaginario más inspirado de Eduardo Galeano. Este cuenta con múltiples relatos inocentes y curiosos sobre el mundo, como quien recién descubre las cosas, como quien recién se da cuenta, pero ahora sabe y, sobre todo, siente.

Es en este texto en el que habla del ser sentipensante, de no separar la razón del corazón, la base de su obra y persona. Expresa este sentir humano en el relato Los Nadies[1]:

 

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies; los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


Este breve relato define la esencia de todos los demás: es el lado más consciente y, al mismo tiempo, el lado más humano de Eduardo Galeano. Además, y correspondiente a humano, es pasional. En Divorcios declara “El sistema nos vacía la memoria, o nos llena la memoria de basura, y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla… las tragedias se repiten como tragedias.”. En El sistema/1, menciona que los jueces condenan a las víctimas y que los policías no combaten los crímenes porque están ocupados en cometerlos. En Los indios/2, enuncia que el sistema que desprecia a los indios desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme. En El sistema/2, postula que “La ley de realidad es la ley del poder. Para que la realidad no sea irreal, nos dicen los que mandan, la moral ha de ser inmoral.”. Y en El sistema/3, dice que quien no se hace vivo va muerto, pues estás obligado a ser jodedor o jodido, mentidor o mentido. Así, se hace notoria la crítica a ciertos sistemas existentes, entre ellos al sistema jurídico.

V. Conclusión

Eduardo Galeano no era abogado ni personaje político, sino que fue un escritor y, más allá de eso, una persona que plasmó sus ideas frente a las realidades que vivía y veía en sus libros. El hecho de que no haya sido profesional en materia jurídica hace mucho más relevante su obra, pues, a veces, quienes nos dedicamos al Derecho olvidamos que esta es una ciencia social hecha por y para la convivencia de la comunidad. Contradictoriamente, muchas veces la comunidad no puede gozar adecuadamente del Derecho ni fiscalizar el cumplimiento de sus derechos porque no está informada al respecto. En suma a ello, la injusticia, la discriminación, la burocracia, la corrupción, la misoginia, la pobreza, el clasismo, el racismo, etc. hacen visibles las problemáticas que no son resueltas por el sistema aún. He ahí otro detalle: los sistemas (jurídico, político, económico, etc.) se denominan así porque un sistema es un conjunto de funcionamientos que cuentan con mecanismos de solución en el caso de que hubiesen defectos. Y en cuanto al sistema jurídico, el que dice ser el sistema de normas que garantiza la convivencia armoniosa de la ciudadanía, ¿por qué aún no son visibles los mecanismos de solución? ¿por qué el discurso de Galeano es en realidad  una representación de lo que piensa parte de la población? Si de por sí el Derecho es entendido exclusivamente por quienes se dedican a estudiarlo, ¿por qué hacerlo aún más difuso para la población y hacer que esta genere rechazo al sistema que nosotros mismos seguimos alimentando? Es necesario que escuchemos a las comunidades y no nos limitemos a los mismos círculos académicos de siempre que solo causan que el sistema no mejore sino que se torne cíclico. Tal y como menciona Galeano, debemos ser sentipensantes, tratar de construir un sistema que funcione para todos y todas, que atienda necesidades reales y, sobre todo, que sea transparente y entendible. Y sin duda alguna suena y es una tarea difícil, pero se trata de vocación al servicio, origen y objetivo del sistema jurídico.


“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Entonces ¿para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

Eduardo Galeano

Utopía, El Libro de los Abrazos


VI. Fuentes

[1] El Libro de los Abrazos. (1989). 2da ed. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2015.

[2] Patas Arriba (1998). 1era ed. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2007.

[3] Espejos (2008). 1era ed. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2008.

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