Zahra Sedighi-Hamedani: “Espero que llegue el día en que todos podamos vivir en libertad en nuestro país”

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Escrito por Stephanie Cortez López, miembro de la Comisión de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos.

“No somos corruptos; somos como ustedes, como cualquier otra persona. Intento concienciar a los demás, incluidos mis hijos, para que sepan lo que significa la libertad. Quiero empoderar a otros para que tengan la opción [de salir del armario]”

–Zahra Sedighi Hamedani ‘Sareh’

 

1. Introducción

El asesinato de Mahsa Amini a manos de la Policía moral el 13 de setiembre ha sido el detonante para el estallido de una revolución social en Irán, protagonizada por las mujeres. Esta lucha busca la liberación de las mujeres, al denunciar y actuar contra las restricciones del régimen iraní, al quitarse el hiyab en las calles, marchar en las vías públicas y sostener abiertamente su oposición al presidente Ebrahim Raisi, quien es conocido por las graves afectaciones a los derechos humanos durante su gobierno y por su rol en la represión de la oposición [1].  

Las manifestantes han sufrido graves afectaciones a manos de la policía, que van desde arrestos arbitrarios, violaciones sexuales hasta su asesinato. Sin embargo, poco se habla de las manifestantes que, desde antes del estallido, alzaban su voz contra la situación de las mujeres en Irán y las formas como el Gobierno reprimía sus voces. Es así que, en este artículo se conmemorará a Zahra Sedighi Hamedani, una activista conocida en Irán que por ello fue condenada al peor de los castigos contemplados en la Ley iraní.

2. ¿Quién es Zahra?

Zahra Sedighi Hamedani es una persona no binaria de 28 años de edad, originaria de Naqadeh, un pueblo pobre al noroeste de Irán. Debido a los escasos recursos de dicha aldea, Zahra fue a una escuela mixta (sin segregación por sexo, como es usual en el país). En una entrevista, señaló que empezó a ser consciente de su orientación sexual a una edad temprana, pero sus sentimientos fueron desalentados por la comunidad donde vivía [2]. Se casó a una edad temprana y en dicho matrimonio, concibió a dos hijos, pero se divorció al poco tiempo por asuntos que no desea revelar al público, aunque asegura no guardar rencor a su exesposo.

Zahra cuenta: “Después del divorcio, me di cuenta que debía ser honesta conmigo misma” [2] y por eso recuerda su matrimonio como algo positivo, al hacerle caer en cuenta de algo tan importante. Luego de eso, salió del clóset ante su familia que, por lo general, le brindaron su apoyo; conoció a su actual pareja y se mudó a Turquía con ella, debido a una oferta de trabajo que había recibido allí [2]. En Turquía, ella conoce una nueva realidad completamente diferente a la que vivía en Irán. Ella reconocía que, aunque la sociedad en Turquía también era conservadora, ella tenía la posibilidad de caminar libremente en las calles de la mano con su pareja y, si bien aún les eran negados varios derechos (como el matrimonio), al menos no eran perseguidas por el Estado [8]. En ese momento, ella empieza a realizar activismo en las redes sociales a favor de las mujeres y de las personas LGBT+, bajo el seudónimo de ‘Sareh’.

3. Mujeres y comunidad LGBT+ en Irán

Las mujeres y las personas LGBT+ en Irán son de los grupos de mayor vulnerabilidad en el país. Sin embargo, la discriminación que socialmente habían vivido, se institucionalizó con la Revolución Islámica de 1979 que, bajo una interpretación conservadora de la Shari’a, modificaron las leyes islámicas en perjuicio de los grupos más vulnerables. Es así que, varias conductas que antes eran una opción antes de la Revolución Islámica, se volvieron legalmente perseguidas al contravenir la Shari’a, teniendo castigos que vulneran la integridad física hasta la vida de dichos grupos.

Por un lado, las mujeres sufren una discriminación sistemática desde el cambio en la legislación en Irán. Es así que, según lo que contempla el Código Civil iraní, la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre [3]. Las mujeres tienen un código de vestimenta estricto, que establece el uso obligatorio del hiyab en los espacios públicos y vestimenta holgada que cubra la totalidad de su cuerpo, código que es vigilado estrictamente por la Policía de la Moral [4]. El incumplimiento de dicho código habilita la detención de las mujeres por parte de la Policía de la Moral, aunque, como se evidenció en el caso de Mahsa Amini, dicha detención está plagada de irregularidades y abuso de las autoridades iraníes. 

Asimismo, Irán legitima la segregación por sexos en el espacio público: en autobuses, piscinas, playas y celebraciones [5]. En la vida privada, la mujer está subordinada a la voluntad de sus maridos o del jefe de familia (cuando aún no están casadas), a cuya autorización está sujeta varios aspectos de la vida de las mujeres, como estudiar o ejercer cualquier profesión o viajar [5]. También es importante destacar el papel de las autoridades, que buscan recortar cada vez más los derechos de las mujeres. Es así que, en los últimos años, se retringió las posibilidades de educación superior a una lista de carreras publicada por el Gobierno, excluyéndolas de 80 carreras que, hasta ese momento, tenían la libertad de estudiar [5], así como se impusieron penas más fuertes para reprimir a los movimientos sociales de mujeres [3].

Por otro lado, las personas LGBT+, desde el triunfo de la Revolución Islámica, han visto no solo cómo la discriminación de la sociedad contra ellos ha sido legitimado y apoyado por el Gobierno, sino también cómo las autoridades empezaron una persecución sistemática contra ellos, criminalizando su mera existencia. Es así que el Código Penal iraní castiga el lavat (sodomía), que describe como “relaciones sexuales consumadas entre hombres, independientemente si hubo penetración o no” (p. 19) [6]. Es así que los actos sexuales con penetración son castigados con la pena de muerte en adultos, cuya forma de ejecución queda a discreción del juez, mientras que los menores de edad que lo cometen son sentenciados a 74 latigazos (p. 19-20) [6]. Los actos sexuales sin penetración son castigados con 100 latigazos, y la reincidencia de ello por cuarta vez con la pena de muerte (p, 20) [6]. Los besos lujuriosos son castigados con 60 latigazos, tanto entre hombres como entre mujeres (p. 20) [6]. En  el caso de las mujeres, el delito se tipifica como mosaheqeh (lesbianismo) es castigado con 100 latigazos, y la reincidencia por cuarta vez, con la pena de muerte (p. 20) [6].

Sin embargo, los ‘delitos sexuales’ no son el único motivo del acoso y detención por parte de las fuerzas de seguridad iraníes hacia las diversidades sexuales. Es así que, por no desenvolverse de acuerdo a las normas sociales del género o la moralidad en espacios públicos o privados, siguen estando en la mira de las autoridades iraníes, teniendo que afrontar cargos como ‘ofensas contra la moralidad pública’, contra la ‘castidad’, ‘contra la santidad de la religión o por ‘actos corruptos y obscenos’ (pp. 22-23) [6]. Esos términos, abiertos y genéricos, dan un margen de discrecionalidad a la policía iraní, lo cual es utilizado para la persecución sistemática de estas minorías. A pesar que en Irán existen leyes que sancionan la tortura por parte de dichos funcionarios (p. 22) [6], en la práctica, se ha documentado que los detenidos por dichos crímenes han sido torturados tanto en lugares públicos como en los centros de detención, y muchos de ellos han sido atacados sexualmente o violados por parte de dichos agentes [7]. Tampoco cuentan con garantías judiciales, la gran mayoría de veces incluso se le niega el acceso a un abogado durante el proceso. 

Asimismo, en Irán no solamente son legales las terapias de conversión, sino también estas son promovidas por el Gobierno [8]. Del mismo modo, son promovidas las cirugías de afirmación de género forzosas a las personas homosexuales (o acusadas de serlo). Activistas por los derechos de las personas LGBT+ (incluida ‘Sareh’), denunciaban que ‘los iraníes  se enfrentan a la amenaza de ser presionados para que se sometan a una cirugía de reasignación de género, aunque no se identifiquen como trans’ [8]. Ello con el objetivo de no sentenciar a tantas personas a la condena de muerte, pues conocen de la desaprobación que la comunidad internacional tendría ante las ejecuciones masivas [8]. 

4. La condena por ser activista

Ella se incorporó a las redes sociales bajo el seudónimo de ‘Sareh’ y empezó a realizar activismo para que las mujeres y personas LGBT+ recibieran el apoyo y empoderamiento que ella no pudo recibir durante su crecimiento. Aunque no fuera una activista muy reconocida, su cuenta ha estado activa en espacios LGBT+ en línea, ayudando a las personas a aceptar su orientación sexual y su identidad [2], siendo especialmente popular entre las minorías kurdas y azeríes en Irán. Solía participar en transmisiones en Instagram (tanto propias como en colaboración con otros activistas) dirigidas a dar orientación y dar a conocer sus derechos a la comunidad LGBT+ en Irán y defenderlos ante detractores [9]. Asimismo, en varias oportunidades habló con medios de comunicación extranjeros sobre la situación de la comunidad LGBT+ en Irán y en Kurdistán iraquí (lugar donde residía en ese periodo) [9], a partir de su propia experiencia como lesbiana en ambos países. También accedió a aparecer en un documental persa de la BBC sobre la vida de las personas LGBT+ en Erbil, sobre la base de que creía que estaba a salvo [2].

Sin embargo, poco tiempo después de grabado el documental, el 27 de octubre del 2021, ‘Sareh’ fue capturada por el Cuerpo de la Guardia de la Revolución Islámica (CGRI) en Kurdistán y fue detenida por 21 días, donde fue sometida a tortura física y psicológica por los agentes de seguridad [2]. Fue liberada bajo fianza y publicó un video donde contaba su experiencia y contaba que estaría intentando cruzar la frontera con Turquía, donde planeaba solicitar asilo, al existir allí una gran comunidad de iraníes LGBT+ exiliados. Sin embargo, a la hora de haber publicado el video, ‘Sareh’ fue detenida en la frontera con Turquía por la CGRI. Ella estuvo desaparecida por 53 días después de su arresto, donde se indica que fue sometida a intensos interrogatorios, humillaciones y amenazas contra su vida y contra la integridad de sus hijos [10]. Ameneh Sadat Zabihpour, un reportero de la Radiodifusión de la República Islámica de Irán (IRIB) afirmó que “soldados desconocidos” de la Organización de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria (IRGC-IO) habían estado detrás de ‘Sareh’ por meses [2], siendo objeto de persecución debido no solo a su orientación sexual, sino por su activismo hacia los grupos vulnerables mencionados.

‘Sareh’ fue acusada de diversos cargos: “promover la homosexualidad” y “promover el cristianismo”, así como de “comunicarse con los medios hostiles fuera de la República Islámica” [2]. También una cadena de televisión iraní (afiliada a la IRGC) le acusó de trata de personas, pero dicha acusación no fue incluida como parte de los delitos a analizar en el proceso, así como tampoco tenían pruebas de eso: se presume que fue un intento de desligitmación a la activista, ya que habían acusado a otros activistas LGBT+ por el mismo cargo, sin pruebas [9]. ‘Sareh’ no contó con las garantías de un debido proceso y se le negó poder contar con un abogado durante el proceso. El 4 de setiembre del 2022, el Tribunal Revolucionario de Urmia sentenció a Zahra Sedighi-Hamedani a la condena de muerte por el delito de “corrupción en la tierra”, el delito más grave contemplado por el Código penal iraní [2]. 

Tres días después de ser anunciada su sentencia, ‘Sareh’ intentó suicidarse en su celda tomando pastillas. Afortunadamente, fue detenida a tiempo y trasladada al Hospital Razi en Urmia para un lavado de estómago. Después de recuperarse, la enviaron a la sala de mujeres de la Prisión Central de Urmia, ubicada en el Pasillo de la Muerte en espera de la ejecución de su sentencia. A raíz de esto, muchas organizaciones se han pronunciado (entre ellas, las Naciones Unidas), condenando dicha decisión e instando a las autoridades iraníes para su liberación.

5. Conclusiones

Zahra Sedighi-Hamedani tenía la intención de luchar por la liberación de las mujeres y la comunidad LGBT+ iraníes, siendo una figura que propiciaba la autoaceptación y cuestionaba la represión que las leyes y la sociedad ejercen contra ellos. Sin embargo, su activismo la volvió objetivo de la persecución sistemática contra las personas LGBT+ y activistas por los derechos humanos en Irán, propiciada por el propio Gobierno. No cabe duda que tanto las mujeres como la comunidad LGBT+ iraníes están viviendo una represión sin precedentes, en los cuales las garantías a sus derechos humanos son nulas: desconocidas por la ley y, las pocas que tienen, no respetadas en la práctica. Estos grupos viven con el constante temor de no saber si ese día será el último, dado el amplio margen de discrecionalidad que gozan los agentes estatales para su acoso, arresto o detención, ya sea por unos mechones de cabello fuera del hiyab como por no encajar en los estándares de género que ellos estiman.

Estos grupos cuentan con figuras como ‘Sareh’ para conocer sus derechos y empoderarse para manifestarse como son. La persecución a activistas feministas y por los derechos de las personas LGBT+ en Irán no tiene otro objetivo que agudizar la represión en estos grupos, una agenda que lleva a cabo el régimen gobernante desde la Revolución Islámica de 1979. Lo más lamentable es que dicho objetivo lo estaban logrando, ya que la masiva detención y ejecución de activistas hicieron que las personas de estos grupos dieran un paso atrás, cerrando sus cuentas y cesando el cuestionamiento, por temor a que pudieran tener el mismo destino [9]. Sin embargo, la actual Revolución de las Mujeres en Irán representa una luz de esperanza para los grupos vulnerables iraníes, históricamente reprimidos. Espero de todo corazón que dicha Revolución sea el primer paso para que estos grupos recuperen sus derechos de los cuales han sido despojados.

 

Bibliografía

[1] Padinger, G. (2021, 5 de agosto). Quién es Ebrahim Raisi, el clérigo conservador y juez controversial que se convirtió en presidente electo de Irán. CNN Español. https://cnnespanol.cnn.com/2021/08/05/quien-es-ebrahim-raisi-clerigo-conservador-juez-controversial-presidente-electo-iran-orix/ 

[2] Ghajar, A. (2022, 14 de setiembre). Exclusivo: Sareh, una bloguera LGBT+ en el corredor de la muerte en Irán, en sus propias palabras. IranWire . https://iranwire.com/es/features-5/107571-exclusivo-sareh-una-bloguera-lgbt-en-el-corredor-de-la-muerte-en-ir%C3%A1n-en-sus-propias-palabras/ 

[3] Euronews (2013, 7 de junio). La situación de las mujeres en Irán. Euronews. https://es.euronews.com/2013/06/07/la-situacion-de-las-mujeres-en-iran 

[4] Redacción EC (2014, 6 de diciembre). Irán establece código de vestimenta para mujeres en invierno. El Comercio. https://elcomercio.pe/mundo/oriente-medio/iran-establece-codigo-vestimenta-mujeres-invierno-311047-noticia/?ref=ecr 

[5] Lloveras, E. (2014, 2 de enero). Ser mujer en Irán. El Diario. https://www.eldiario.es/desalambre/mujer-iran_1_5109165.html 

[6] Human Rights Watch (2010). “We are a Buried Generation”. Discrimination and Violence against Sexual Minorities in Iran. https://www.hrw.org/sites/default/files/reports/iran1210webwcover_1.pdf 

[7] Human Rights Watch (2010, 15 de diciembre). Irán: Sufren minorías sexuales discriminación y violencia. Human Rights Watch. https://www.hrw.org/es/news/2010/12/15/iran-sufren-minorias-sexuales-discriminacion-y-violencia 

[8] Irán: Gays y lesbianas forzados a cirugías de reasignación de género para ser “héteros” socialmente (2020, 4 de marzo). Mor.bo. https://ismorbo.com/iran-gays-y-lesbianas-forzados-a-cirugias-de-reasignacion-de-genero-para-ser-heteros-socialmente/ 

[9] Hamedani, A. & Pakzad, S. (2022, 11 de setiembre). ‘I want to see the rainbow flag raised in Iran’. BBC News. https://www.bbc.com/news/world-middle-east-62821763 

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