El rol de la masculinidad hegemónica en el problema de la violencia de género como injusticia estructural

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Escrito por Nikole Guadalupe Quinteros, miembro de la Comisión de Diálogos Humanos del Equipo de Derechos Humanos.

¿Masculinidad o masculinidades hegemónicas?

De acuerdo con la Coordinación para la Igualdad de Género, la masculinidad hegemónica es aquel “modelo de comportamiento masculino que logra imponerse y origina una situación de desigualdad; asimismo, fomenta la reproducción de modelos de atracción hacia hombres violentos” [1]. Al respecto, se puede apreciar a la masculinidad hegemónica como aquella masculinidad impuesta como modelo ante las demás masculinidades. 

Asimismo, no es correcto afirmar que existe una única masculinidad hegemónica que sea  válida, debido a que las masculinidades varían con el tiempo y contexto en la que se encuentran. Es así que, a lo largo de la historia, la masculinidad hegemónica se ha transformado a través de los nuevos modelos sociales aceptados en un entorno social en específico. Los modelos son aquellas configuraciones que son aceptadas y validadas por el propio sistema patriarcal hegemónico.

A modo de ejemplo que evidencia de manera clara lo antes expuesto, la figura de un hombre de rasgos caucásicos, con actuación política relevante y que era  el sustento único de su familia fue considerado como el modelo de masculinidad hegemónica hace décadas atrás, lo que desplazaba a las personas afroamericanas, de las que muchos aún eran  esclavos. Mientras que, hoy en día, los rasgos fenotípicos han perdido relevancia en ciertos entornos sociales y la esclavitud ya no está validada socialmente. Por otro lado, en la actualidad, encontramos la idea del rechazo a la mujer y a las personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+ como posibles poseedores de esta masculinidad hegemónica.

 

Rol de la masculinidad hegemónica en la violencia de género 

La masculinidad hegemónica juega un rol fundamental en el problema de la violencia de género como injusticia estructural, pues favorece a los modelos y los prejuicios de género suscitados en el entorno social, político, cultural y económico. Con fines de brindar una mejor explicación de lo antes afirmado, es fundamental que se realice una reflexión sobre las dinámicas y relaciones humanas que se producen en la sociedad y sus consecuencias en la misma. En otras palabras, no es suficiente analizar las decisiones y acciones de manera individual; por el contrario, se debe también analizar las influencias que ellas generan en la conducta humana de otros que coexisten en el mismo escenario social. De esta manera, resultará más fácil identificar si estas dinámicas sociales sitúan a un grupo de personas por debajo de otros grupos.

Esa dinámica afecta a los grupos subordinados y fortalece a los grupos privilegiados, a su vez, dominantes, que no poseen críticas sociales por ser las más aceptadas. Ahora bien, este tipo de escenarios pueden ser normalizados por el grupo dominante y, al mismo tiempo, por las víctimas directas, pertenecientes al grupo subordinado. Cuando esto último sucede, es conocido también como violencia simbólica, la que “podría ser totalmente legítima y admisible dentro de la comunidad” [2]; además, de que resulta irreconocible para los que la sufren.

 

Violencia de género como injusticia estructural

Por otro lado, la violencia de género como injusticia estructural nos permite ser conscientes de la ineficacia de los estudios de la violencia de género cuando son, únicamente, desde un análisis de decisiones individuales, Los cuales suelen ser asociados únicamente con la responsabilidad directa del agresor, pero no consideran las responsabilidades y consecuencias que generan también las acciones de los demás que se encuentran en el escenario en el que se produce la violencia de género.En este análisis, se debe exceptuar a la víctima. Sin embargo, la violencia de género no debería estar reducida a la interacción agresor – víctima, pues el modelo de violencia también debe de identificar la responsabilidad moral de los demás actores que colaboran en la subsistencia de las condiciones de desigualdad normalizadas [2]. He aquí la inserción e influencia de la masculinidad hegemónica.

La masculinidad hegemónica está simbolizada mediante una estrategia de normalización [3], la cual incide directamente en la interacción agresor- víctima. Los modelos producidos por la masculinidad hegemónica poseen un rol de suma importancia en las prácticas, dinámicas sociales y relaciones entre las personas en la esfera social. Ello es debido a su condicionamiento e influencia, como modelo naturalizado, en las mismas relaciones de poder, sociales en un contexto de interacción humana, Estos dominan a los grupos subordinados, alejados del propio modelo hegemónico patriarcal, permitiendo así que los procesos sociales presenten injusticias estructurales. Su presencia en la vida cotidiana afecta al propio desenvolvimiento social y personal de los grupos subordinados, sin contar con alguna medida legal que lo impida, lo que es conocido como injusticia estructural.

 

Aporte desde la noción de nuevas masculinidades contra el problema de violencia de género

En segundo lugar, a partir de lo abordado como nuevas masculinidades, se puede luchar contra el problema de la violencia de género a través del cuestionamiento y rechazo de estereotipos y prejuicios promovidos por el sistema patriarcal. El rechazo de estas suscita la creación de un nuevo modo de pensar y así, entender los roles masculinos, femeninos y los de la comunidad LGTBIQ+ desde una perspectiva con menor desigualdad y mayor inclusión. Ello promovería una mayor difusión sobre las reflexiones de los privilegios y perjuicios de las personas pertenecientes a grupos dominantes y privilegiados, respectivamente. 

Asimismo, se impulsaría paulatinamente a las personas a desapegarse de estos prejuicios y estereotipos sobre los roles de la mujer y el varón. De esta manera, en un futuro se podría producir una crianza más alejada de los mismos, presentando a su vez, pensamientos que rechacen las actuales hegemonías de masculinidad que reprimieran las conductas y formas de pensar de mujeres, varones y otros grupos actualmente subordinados por el sistema hegemónico patriarcal. 

A modo de ejemplo, y desde una perspectiva personal, en redes sociales se puede observar un incremento de varones que rechazan las restricciones impuestas por las masculinidades hegemónicas, como la asignación de colores específicos para varones y mujeres (rosa-mujer y azul-hombre), el rechazo de la imagen de las mujeres únicamente relacionadas con el hogar (tareas domésticas, alejadas del mundo laboral), excluyendo al masculino de las tareas del hogar como el lavar los platos y ayudar con la crianza de los hijos.

Por último, se exponen ideas de fomentar el pensamiento de estos jóvenes en sus hijos sobre el rechazo a las ideas de “los niños no lloran” y su relación con específicos colores a través de la siguiente frase: “los colores no tienen género y tu masculinidad no puede depender de algo tan simple”. De esta manera, se incentivan los cuestionamientos al sistema patriarcal, debido a que promueven el rechazo a la idea de una única masculinidad como legítima y se rompe con la complicidad interna entre varones, proponiendo nuevas formas de relación y consciencia de las desigualdades entre hombres y mujeres . 

Aunque este escenario podría demostrar una posición idealista, no se debería rechazar el existente cambio paulatino en el pensamiento de los jóvenes sobre el cuestionamiento de los sistemas de género establecidos históricamente, así como su rechazo ante ellos, en algunos casos. Un ejemplo análogo de la importancia de este cuestionamiento a la tradición histórica es el de la salud mental, pues en anteriores décadas no existía la preocupación que se tiene en la actualidad.  Una de las razones que ha permitido esto es el mayor interés de las personas en buscar asistencia psicológica, disminuyendo significativamente los prejuicios negativos que existían sobre este en el pasado.  

En conclusión, los modelos que genera la masculinidad hegemónica influyen en las dinámicas sociales que normalizan escenarios de violencia de género. Asimismo, se propone que las nuevas masculinidades pueden ayudar a combatir la violencia de género, al cuestionar, rechazar estereotipos y prejuicios de género históricamente establecidos, promoviendo una mayor igualdad de género y conciencia de los privilegios.

 

Bibliografía

[1] Coordinación para la Igualdad de Género UNAM. (20 de julio de 2020). ¿Qué es la masculinidad hegemónica?

https://coordinaciongenero.unam.mx/avada_portfolio/masculinidad-hegemonica-infografia/

[2] Merino, R. (2019). La comprensión de la violencia de género como injusticia estructural. Cuestiones de género: de la igualdad y la diferencia, (14), 9-27.

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6976750

[3] Connell, R. (1997). La organización social de la masculinidad. Maculinad/es. Poder y crisis , 31-48.

https://idepsalud.org/la-organizacion-social-de-la-masculinidad/

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